sábado, 31 de diciembre de 2016

Mis RETALES – Episodio 1 ed. 1: EL ENTORNO

  • Roberto: Oye Narrador, no te vayas a pasar explicando cosas.
  • Narrador: No te entiendo. No querías escribir tus memorias en tercera persona?
  • Roberto: Si, pero sin entrar mucho en cosas personales, privadas... ya me entiendes.
  • Narrador: Nah! tu déjame a mí y ya verás.
  • Roberto: Sí, ya veré...

 Roberto llegó al mundo con 20 años de retraso, lo cual no jugó muy a su favor.

  • Roberto: Vamos a ver!! no me gusta como estás empezando. Significa que soy retrasado??
  • Narrador: No seas susceptible, leches!! Si acabo de empezar! Y no me interrumpas, por favor.
  • Roberto: Vale va, tira!
Como iba diciendo:  Roberto llegó al mundo con 20 años de retraso, lo cual no jugó muy a su favor. Sus padres, Maria y José ya habían tirado la toalla, pero al final llegó.

Su tierna infancia fue solitaria. En aquellos tiempos no existían la guarderías, por lo cual pasaba los días con su madre, y no se relacionó con otros niños hasta los cuatro años en que fue a Párvulos. Su madre tampoco le dejaba salir a la calle para jugar con los otros niños. Solo jugaba con Matías, el hijo poliomielítico de Carmen, la propietaria del colmado de delante de su casa.

Cuando nació Matías, Maria insistió mucho en que le vacunaran contra la poliomielitis, que estaba haciendo estragos en aquellos tiempos, pero Carmen se negó en redondo, cosa que tuvo que lamentar hasta el final de sus días. A pesar de las intervenciones que sometieron a Matías las mejoras no fueron muy sustanciales, y tuvo que ir arrastrando a largo de su vida su pierna delgada con el suplemento en el calzado para paliar la diferencia de longitud respecto a la otra, así como un aspecto permanentemente enfermizo.

Otra persona con la que se relacionaba Roberto era Vicentín, el hijo de la señora Charo, que olía mal y empinaba el codo. Aunque Vicentín era unos años mayor, hacía buenas migas con Roberto. Al cabo de unos años Vicentín desapareció del mapa de Roberto, y cuando este preguntaba sobre él, sus padres se lo sacaban de encima con alguna excusa banal que daba por válida. Al cabo de los años, ya adulto, Roberto supo que Vicentín se había relacionado con malas compañías, encontrando su sexualidad con personas de su mismo sexo. Eso fue en aquellos tiempos algo innombrable y un castigo del Señor.



  • Narrador: Vamos bien?
  • Roberto: sí, tira.
  • Narrador: Voy a descansar un rato.
En vista de que el Narrador está muy cansado voy a seguir yo.

Aquella zona de Barcelona se convirtió en mi mundo. Desde la calle de Francia hasta la esquina de la Avda. de la Verge de Montserrat con la calle del Secretario Coloma donde estaba mi escuela. En este mapa, en negro, se ve mi ruta habitual. De vez en cuando me gustaba tomar rutas alternativas y peligrosas, que las he marcado en azul. Al parecer le dijeron a mi madre que me habían visto por esas calles, y me reprendió haciéndome prometer que no lo volvería a hacer. Y no solo lo volví a hacer, sino que me metía por pasajes, casas y porterías, para investigar cosas y lugares nuevos. Nunca superé la intersección de la calle França con la calle Vallseca; la frontera con el Carmel, sinónimo de peligro, de gente malvada, violenta. Jamás atravesé aquella frontera. En color rojo he marcado aquella intersección.

 

Mis primeros años de escuela los pasé en la Academia Pinadell, un colegio que aunque se me antojaba enorme no lo era tanto en realidad. Se trataba de una antigua casa señorial que regentaban el Sr. y Sra. Pinadell. Tengo recuerdos muy claros de las diferentes clases en las que estuve, desde párvulos, primero, segundo y tercero. Cuarto ya lo pasé en el Colegio de los Hermanos Maristas de Mataró, cuando dejamos el barrio.

Recuerdo a Don Pedro, a la Srta. Celia, a la Srta. Esperanza, al patio de palmeras donde tantas veces había caído por mi torpez y por resbalar con las semillas secas de los dátiles. Recuerdo la ocasión en que una maléfica señora me robó mi pistola de plástico accediendo por la puerta que daba al callejón trasero de la escuela. Cierro los ojos y puedo ver cada uno de los detalles:  árboles, escaleras, aulas, pupitres, y el olor a escuela, a lápiz, a goma de borrar, al pan con chocolate. El recuerdo de la bola de papel de plata de las chocolatinas que la Srta. Nuria iba elaborando y que al final de curso regalaba al niño o la niña más aplicado. Y dejo aquí estos recuerdos, estos olores, estas sensaciones por si algún dia se borran de mi memoria o para cuando ya no esté, que permanezca el recuerdo de mi infancia.

Ese fue mi entorno hasta 1969, cuando cambiamos de residencia.

Narrador: mientras Roberto emerge de sus recuerdos, vuelvo a tomar la palabra. 

La vida de Roberto en ese barrio, entre Guinardó y Gracia, fue apacible y aburrida. De misa cada sábado por la tarde, algunos fines de semana en el Maresme, visitas a amigos de sus padres, viajes por toda España y pequeños lujos que desde su perspectiva infantil Roberto no lograba apreciar.

En otros capítulos trataremos su primera comunión, sus viajes a la costa Cántabra, sus estancias de fines de semana en la costa del Maresme, los pocos amigos de la infancia, y lo que vaya surgiendo de la mente de Roberto y desee explicarme para relatar.

3 comentarios:

  1. Te saluda con nostalgia alguien que muy mayor ha quedado asombrado al leer tus recuerdos.
    Yo soy Don Pedro.

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    1. Un abrazo muy grande, Don Pedro ...... Yo también fui alumno de Usted y tengo muy buenos recuerdos.

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  2. Me gustaría saber si Roberto es una persona real ..... Yo me crié en la Calle Francia, yo estudié en la Pinadell (Vieja y nueva) y me siento muy identificado con todo lo escrito. Recuerdos de profesores muchos ..... Pero buenos sólo tres: La Señora Rosa, en párvulos, Don Pedro durante la EGB y el Sr. Manuel Sánchez (Física y química) en BUP ......

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